5 de mayo de 2013

En la opinión de Iván Donalson: Los poderes facticos de origen milenario están llegando a su fin


Antes que cualquier otra cosa debemos exponer el campo de acción del guerrero psíquico, en la actualidad el mundo está en estado de emergencia global. Los poderes facticos de origen milenario están llegando a su fin y las consecuencias de haber estado sometidos a su guerra psicología integral han dejado huellas profundas dentro de la mente humana. Es deber de todo hombre y mujer de conocimiento despertar y ayudar a otros en estos procesos de cambio, de mutación. Lo primero que debe tomar en cuenta todo guerrero es que su enemigo es INTERNO, cada quien es su propio enemigo. Tomando en consideración lo anterior debemos darnos cuenta cabalmente que el guerrero solo puede acceder al mundo exterior a través de la proyección psicológica. Por lo tanto antes de cualquier acción es necesario identificar el proceso de proyección interna.

La batalla se libra dentro de la propia mente, ya que es solo ahí adentro donde se encuentra el verdadero enemigo, lo externo es tan solo la manifestación sincrónica de la Conciencia. Tratar de luchar contra el exterior y querer modificarlo es como querer peinarse peinando el espejo y no la propia cabeza. El más grande enemigo está formado por ideas, creencias psicológicas, espirituales y emocionales que limitan el campo de acción de la conciencia cósmica a través del ego. La personalidad como tal, así como el carácter, son derivaciones del ego y no son nada en sí mismas, sin embargo el ego es indestructible, es la firma energética de nuestra propia singularidad dentro del campo de la conciencia, el ego debe ser pulido, transformado, modificado, puro y sobre todo ORIGINAL, ya que esa es la esencia básica de cada individuo como manifestación de la mente creadora, cuando el ego esta modificado a través de ideas ajenas y concepciones teóricas del mundo, se vuelve el más grande enemigo. El ego debe ser solo un espejo a través del cual el ser humano ilumina su propia psique, cuando el espejo interno (ego) esta empañado no podemos ser originales y por lo tanto no podemos ser libres, nos convertimos en soñadores de sueños ajenos, manifestadores de realidades ajenas.

Todo guerrero psíquico debe ser consciente de su eternidad, la muerte es tan solo un cambio de estado, una transformación hacia diferentes frecuencias de percepción. Sin embargo el guerrero psíquico puede quedar atrapado en cárceles energéticas procedentes de campos de intención compartidos por diferentes manifestadores de realidad y ese es el verdadero peligro. El guerrero solo puede escapar de aquello que ha identificado, el enemigo se disfraza de múltiples formas que lo ocultan a la vista de los seres humanos promedio y con mucho más fuerza y perspicacia del guerrero que intenta despertar.

Como guerrero psíquico aceptas el honor de transformar la mente de otros a través de la tuya propia. Debes ser consciente de la complejidad de la batalla, debes comprender que estas en un proceso de transformación biológico, psíquico, emocional y sobre todo energético.

La vida promedio de cualquier ciudadano en la actualidad está completamente infectada de parasitismos psicológicos. La televisión, la radio, las revistas, cualquier medio informativo incluyendo anuncios publicitarios en avenidas es un arma directa en contra de la integridad psicológica del guerrero y sobre todo del individuo promedio.

El guerrero debe ser consciente que los seres humanos promedio son las victimas y los victimarios a través de los cuales librara la batalla interior.
El guerrero busca proteger su libertad interior, eso es lo más importante, la integridad y la originalidad que se desprende de su lucha interna son tan solo aspectos secundarios de su verdadera riqueza: la libertad absoluta y el control de su energía.

Ivan Donalson Mayo 2012

1 comentario:

  1. Hola Iván te sigo por Youtube, muy interesante este artículo. Agradezco de corazón todo lo que hacés por el prójimo. Te deseo buena energía y gracias por permitir que algo de mí se refleje en vos. Abrazo grande. José Luis Balparda

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