A raíz de la denuncia realizada por algunos padres a los medios de comunicación, nuevamente, se ha puesto en primera línea la “presunta” asociación entre vacunas – mercurio – autismo.
Bien, tenemos a unos padres angustiados,
alguien que les habla de un culpable y, que además parece que dice la
verdad, y ¡Zas! Lío al canto. Sin embargo parece ser que en muchos de
estos casos nadie se ha parado a pensar con un poco de serenidad, y si a
eso le añadimos titulares amarillistas y artículos poco elaborados, ya
tenemos a una gran cantidad de padres y madres rasgándose las vestiduras
y pretendiendo linchar -judicialmente- a los presuntos culpables.
No podemos criticar la postura de los
padres, es muy lógica. Su hijo, que “era normal”, dejó de serlo de la
noche a la mañana (Al igual que el 70% de los casos de niños
diagnosticados de autismo, hayan sido o no vacunados), y estos padres
escuchan a presuntos especialistas que les aseguran conocer, no sólo el
origen del “cambio” repentino de sus hijos, si no que además, saben cómo
tratarlos (a cambio de tan sólo 30 monedas de plata). ¿Quien no les
haría caso? Hasta ese momento la medicina “oficial” no les había dado
ninguna solución, y para más inri, cuando estos niños inician el
tratamiento de las treinta monedas , ¡mejoran! (en algunos casos), por
tanto, es blanco y en botella, no hay que darle más vueltas (en los
casos en los que el niño ha mejorado).